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sábado, 22 de julio de 2017

CAPERUCITA ROJA DE MISTRAL

Caperucita Roja visitará a la abuela
que en el poblado próximo sufre de extraño mal.
Caperucita Roja, la de los rizos rubios,
tiene el corazoncito tierno como un panal.

A las primeras luces ya se ha puesto en camino
y va cruzando el bosque con un pasito audaz.
Sale al paso Maese Lobo, de ojos diabólicos.
«Caperucita Roja, cuéntame adónde vas».

Caperucita es cándida como los lirios blancos.
«Abuelita ha enfermado. Le llevo aquí un pastel
y un pucherito suave, que se derrama en juego.
¿Sabes del pueblo próximo? Vive en la entrada de él».

Y ahora, por el bosque discurriendo encantada,
recoge bayas rojas, corta ramas en flor,
y se enamora de unas mariposas pintadas
que la hacen olvidarse del viaje del Traidor...

El Lobo fabuloso de blanqueados dientes,
ha pasado ya el bosque, el molino, el alcor,
y golpea en la plácida puerta de la abuelita,
que le abre. (A la niña ha anunciado el Traidor.)

Ha tres días la bestia no sabe de bocado.
¡Pobre abuelita inválida, quién la va a defender!
... Se la comió riendo toda y pausadamente
y se puso en seguida sus ropas de mujer.

Tocan dedos menudos a la entornada puerta.
De la arrugada cama dice el Lobo: «¿Quién va?»
La voz es ronca. «Pero la abuelita está enferma»
la niña ingenua explica. «De parte de mamá».

Caperucita ha entrado, olorosa de bayas.
Le tiemblan en la mano gajos de salvia en flor.
«Deja los pastelitos; ven a entibiarme el lecho».
Caperucita cede al reclamo de amor.

De entre la cofia salen las orejas monstruosas.
«¿Por qué tan largas?», dice la niña con candor.
Y el velludo engañoso, abrazado a la niña:
«¿Para qué son tan largas? Para oírte mejor».

El cuerpecito tierno le dilata los ojos.
El terror en la niña los dilata también.
«Abuelita, decidme: ¿por qué esos grandes ojos?»
«Corazoncito mío, para mirarte bien...»

Y el viejo Lobo ríe, y entre la boca negra
tienen los dientes blancos un terrible fulgor.
«Abuelita, decidme: ¿por qué esos grandes dientes?»
«Corazoncito, para devorarte mejor...»

Ha arrollado la bestia, bajo sus pelos ásperos,
el cuerpecito trémulo, suave como un vellón;
y ha molido las carnes, y ha molido los huesos,
y ha exprimido como una cereza el corazón...

Gabriela Mistral (Chilena permio nobel)

jueves, 19 de marzo de 2009

CAPERUCITA ROJA una VERSIÓN

Erase una vez una niña de Pueblo, la más bonita que se pudo ver jamás; su madre estaba loca con ella, y su abuela más loca todavía. La buena mujer encargó una caperucita roja para ella, que le sentaba tan bien que por todas parte la llamaban Caperucita roja.

Un día su madre, habiendo cocido y hecho tortas, le dijo:
- Ve a ver cómo anda la abuela, pues me han dicho que estaba mala ; llévale una torta y este tarrito de mantequilla.

Caperucita roja salió enseguida para ir a casa de su abuela que vivía en otro Pueblo. Al pasar por un bosque, se encontró con el compadre Lobo, que tuvo muchas ganas de comérsela, pero no se atrevió, porque andaban por el Monte algunos Leñadores. Le preguntó adónde iba; la pobre niña que no sabia que es peligroso pararse a escuchar un Lobo, le dijo:
-Voy a ver a mi Abuela, y a llevarle una trota con un tarrito de mantequilla que le envía mi Madre.
-¿ vive muy lejos? –le dijo el Lobo.
-¡Oh sí! –dijo Caperucita roja- ¿ ve aquel molino lejos, lejos? Pues, nada mas pasarlo, en la primera casa del pueblo.
Pues mira – dijo el Lobo -, yo también quiero ir a verla; yo voy a ir por este camino y tú por aquel, a ver quien llega antes.
El Lobo echó a correr con todas sus fuerzas por el camino más corto, y la niña por el camino más largo, entreteniéndose en coger avellanas, correr tras las mariposas y hacer ramilletes con las florecillas que encontraba.

No tardo el Lobo en llegar a la casa de la Abuela: llamó: >
-¿Quién es?
-Soy su nieta, Caperucita roja, dijo el Lobo desfigurando la voz -, y le traigo una torta y un tarrito de mantequilla que le envía mi madre.
La buena de la Abuela que estaba en la cama porque se encontraba un poco mal, le gritó:
-Tira de la aldabilla y caerá la tarabilla.
El Lobo tiró de la aldabilla y se abrió la puerta. Se arrojo sobre la buena mujer y la devoró en un santiamén, pues hacía más de tres días que no había comido.
Después cerró la puerta y se fue a acostarse en la cama de la Abuela aguardando a Caperucita roja, que llegó un poco más tarde y llamó a la puerta: >
-¿Quién es?
Caperucita roja, al oír el vozarrón del Lobo, tuvo miedo al principio, pero, creyendo que su Abuela estaba acatarrada, contestó:
-Soy su nieta, Caperucita roja, y le traigo una torta y un tarrito de mantequilla que le envía mi madre,
El Lobo le gritó: suavizando un poco la voz:
-Tira de la aldabilla y caerá la tarabilla.
Caperucita roja tiró de la aldabilla y se abrió la puerta. El Lobo, al verla entra, le dijo mientras se ocultaba en la cama bajo la manta:
-Deja la torta y el tarrito de mantequilla encima del arca y ven a acostarte conmigo.
Caperucita roja se desnudó y se fue a meterse en la cama, donde se quedó muy sorprendida al ver cómo era su Abuela en camisón.
Le dijo:
-¡Abuelita, qué brazos más grandes tiene!
-Son para abrazarte mejor, hija mía.
-¡Abuelita, qué piernas más grandes tiene!
-Son para correr mejor, niña mía.
-¡Abuelita, qué orejas más grandes tiene!
-Son para oír mejor, niña mía.
-¡Abuelita, qué ojos más grandes tiene!
-Son para ver mejor, niña mía.
-¡Abuelita, qué dientes más grandes tiene!
-¡Son para comerte!
Y diciendo estas palabras, el malvado del Lobo se arrojó sobre Caperucita roja y se la comió.

MORALEJA
Vemos aquí que los adolescentes
Y más las jovencitas
elegantes, bien echas y bonitas,
hacen mal en oír a ciertas gentes,
y que no hay que extrañarse de la broma
de que a tantas el lobo se las coma.
Digo el lobo, porque estos animales
no todos son iguales:
los hay con un carácter excelente
y humor afable, dulce y complaciente,
que sin ruido, sin hiel ni irritación
persiguen a las jóvenes Doncellas,
llegando detrás de ellas
a la casa y hasta la habitación
¿Quién ignora que Lobos tan melosos
son los más peligrosos?

Autor: charles perrault (abogado francés *1628+1703)
Imagen: http://aplaplaclizame.wordpress.com